
Sumito Estévez no es un chef por casualidad. La cocina siempre fue su pasión. Estudió Física en Mérida. Sin embargo, jamás ejerció la profesión. Estaba seguro que los números no tenían espacio en su vida. Sólo sabía que “cocinaba rico”.
Estévez cursaba el último año de la universidad cuan do deecubrió que las cencias no le interesaban. Se dio cuenta que no le gustaba la carrera. Así que tomó otro rumbo.
“Conocí a Frank Conde (actual chef ejecutivo del Hilton en Ámsterdam, Holanda), quien tiene una historia similar a a m&iacu...

Sumito Estévez no es un chef por casualidad. La cocina siempre fue su pasión. Estudió Física en Mérida. Sin embargo, jamás ejerció la profesión. Estaba seguro que los números no tenían espacio en su vida. Sólo sabía que “cocinaba rico”.
Estévez cursaba el último año de la universidad cuan do deecubrió que las cencias no le interesaban. Se dio cuenta que no le gustaba la carrera. Así que tomó otro rumbo.
“Conocí a Frank Conde (actual chef ejecutivo del Hilton en Ámsterdam, Holanda), quien tiene una historia similar a a mía. A partir de ese momento, cobré conciencia y dije que no quería ser físico”.
Hace más de veinte años que Sumito Estévez se dedica a preparar delicas. Comenzó como cualquier otro amateur: cocinando para los amigos y familiares. “Siempre imaginé la cocina como un hobbie”.
La quejadera –como él mismo lo dice- era su peor error en el pasado. Mientras trabajó para Conde pedía reposo médico hasta por una simple gripe. “El Chef se me acercó y me dijo:’ Antonio Armas era un gran beisbolista. Imagínate que haciendo un swing se lesione el hombro. Él no pedirá permiso’. Entendí lo que me quería decir. No me enfermé más nunca”.
Estévez o no cocina en casa. “Médico no opera en casa”, argumentó a manera de chiste. En las mañanas está en su escuela de cocina en La Asunción. Y en la tarde, en su restaurante ubicado en Pampatar. “Estoy todo el día en esto. Lo menos que quiero es llegar a cocinar. Sólo lo hago cuando hay invitados”.
Hace dos años que Estévez aterrizó en la isla de Margarita. Llegó para quedarse. Vivió en la India y recorrió otros países del mundo, pero Margaritalo atrapó. “Es un paraíso para cualquier chef. Es un lugar donde con solo subir la cabeza, puedes encontrar ingredientes maravillosos”.
Fuente: Vida / Sol de Margarita

26 de Marzo de 2011